viernes, 15 de marzo de 2013

Higuera de la Sierra y los libre-pensadores

     En las últimas décadas del siglo XIX, dada la situación social que se vivía en España, agravada por diferencias sociales profundas, da paso al nacimiento de organizaciones obreras de tipo político y sindical y se agudizaron las acciones reivindicativas solicitando mejoras sociales que el sistema, sustentado en los dos partidos tradicionales encarnados por los conservadores y liberales de la época, no estaban siendo atendidas mínimamente por los gobiernos de la Monarquía. El cansancio entre las masas populares abrió paso a la aparición de organizaciones de base y raíces republicanas, que fueron creciendo con el paso del tiempo y asentándose no solo en las ciudades sino que llegaron a tener una importante presencia en núcleos de población muy pequeños.
     Higuera de la Sierra (llamada entonces Higuera junto a Aracena), con algo más de 2.100 habitantes en 1891, había reunido entre sus vecinos a un grupo pequeño de personas que se autoproclamaron libre-pensadores y republicanos, que se presentaron a las convocatorias electorales municipales y consiguieron representación, bien organizados y amantes de la ilustración popular. De parte de su actividad tenemos conocimiento hoy gracias a las hemerotecas de publicaciones de aquellos años y fundamentalmente de una de ellas, "LOS DOMINICALES DEL LIBRE PENSAMIENTO" de Porvenir Editorial, radicada en c/. Horno de la Mata nº 5 de Madrid, que como dice su cabecera tenía su salida a la calle los domingos y recogía noticias sobre estos grupos. Sobre los libre-pensadores de Higuera hemos encontrado cuatro que trataremos de resumir a continuación.
      La 1ª fue publicada en el dominical del 5 de Septiembre de 1891 y da cuenta del problema que le ocasionó al concejal republicano Teodoro Barranquero, al que se le murió un hijo y quiso enterrarlo en zona civil del cementerio, pretendiendo apartarlo de la jurisdicción de la Iglesia, pero al que le fue imposible conseguir dicho objetivo por no existir cementerio civil y, al considerar que al estar su hijo bautizado, era bajo el manto de la Iglesia como tenía que hacerse, según la interpretación de las autoridades civiles y religiosas.
      La 2ª noticia fue publicada el 19 de Marzo de 1892 y en ella se da cuenta del bautizo civil de una niña, cuyos padres eran los libre- pensadores Juan Vázquez y Magdalena Bejarano, a la que  pusieron por nombre África, actuando como testigos el concejal republicano D. Teodoro Rufino y D. Luis Fernández y con el apoyo de todo el Comité de la organización en la localidad que participaron de un ágape y entregaron el dinero que habría supuesto hacerlo en la Iglesia a los pobres del pueblo. No obstante se anunciaban problemas con las autoridades para las inscripciones en el registro y las protestas de los católicos por este tipo de ceremonia, llegando a decir que esta niña no sería considerada hermana de las otras hijas del matrimonio por no estar bautizada en la Iglesia.
      La 3ª noticia, tiene fecha en el 30 de Marzo de 1894, nos habla del Registro Civil de una niña llamada Emilia, hija de D. Teodoro Rufino y Doña Manuela Martín que se efectúa sin dificultad alguna, actuando de testigos los también libre-pensadores D. Luis Fernández y D. Miguel Rodríguez. Este matrimonio ya había inscrito civilmente con anterioridad, en 1892, a otro hijo al que pusieron de nombre Demófilo, siendo personas muy queridas por el pueblo e inclusive D. Teodoro había sido elegido Alcalde por sus vecinos en reconocimiento a su labor.
     La 4ª y última noticia, fechada el 16 de Noviembre de 1894, contenía una información sobre la inscripción civil de un hijo del libre-pensador D. Manuel Fernández Díaz, siendo testigos D. Teodoro Rodríguez y D. Antonio Martín. Por voluntad de sus padres pusieron al niño como nombre Progreso que han defendido su derecho a ponerle el nombre que les apetecía, encontrándose con el rechazo del juez municipal alegando éste que se oponía a sus convicciones católicas, y anunciándoles que se trataría de impedir por todos los medios actos como éste. El Registro Civil es potestad del Estado y ningún juez puede impedir semejante acción, por lo que el padre consiguió lo que por derecho no podía negársele, a pesar de las dificultades que encontró por parte de dicho juez y los sectores católicos de la población encabezados por el cura.
      Hemos querido dejar constancia de los problemas que tuvieron que sortear nuestros antepasados para, en función de sus creencias, optar por algo tan simple como en la fecha actual es realizar la inscripción civil de sus hijos, sin tutelas religiosas arropadas bajo un sistema caciquil, que impedían ejercer un derecho tan simple como ese o el matrimonio civil.