martes, 23 de octubre de 2012

HOY PARECE TARDE; MAÑANA SERÁ IMPOSIBLE

     Han pasado dos días desde que se celebraron las Elecciones Autonómicas en Galicia y Pais Vasco sobre las que se han realizado muchos análisis, cada uno de ellos bajo la óptica política, más o menos interesada, del autor y su entorno. Me he atrevido a plasmar mis dudas y conclusiones, también desde la militancia en la que estoy inmerso, tratando de explicarme el desastre de unos resultados y sus posibles consecuencias para el partido en el que llevó militando treinta y cinco años y donde creo estaré hasta los últimos días de mi vida. Siempre he pensado que el proyecto político del PSOE era el que mejor se ceñía a la realidad de España y de los españoles, reconociendo las característica y singularidades de sus territorios dentro de un estado democrático y de derecho, y quiero seguir creyendo que sigue siéndolo. Todo ello, a pesar de las dificultades que suponen el vivir en una sociedad globalizada donde el verdadero poder no reside en los gobiernos de turno y sí en la tiranía de unos mercados que establecen las reglas del juego, que están consiguiendo la implantación de la mayor dictadura universal que jamás hayamos conocido y que podamos haber imaginado.Se apoyan en un despliegue mediático sin precedente, donde todo se nos presenta blanco o negro según interese a los poderes fácticos que los manejan y gran parte de los ciudadanos caen en sus redes sucumbiendo ante sus argumentos aunque vayan en dirección contraria a una política social que nos haga a todos más solidarios y justos.
     Después de conocer el triunfo del PP en Galicia todo se oculta bajo una nube de triunfalismo de las tesis gubernamentales y pocos son los que dicen que ese partido triunfador ha perdido más de cien mil votos con respecto a la anterior, a pesar de sacar una mayor representación parlamentaria. Tampoco se dice que el desencanto de una gran parte de la población ha propiciado una abstención que supera en casi nueve puntos la anterior y eso no es bueno para el sistema democrático, aunque se fomente y favorezca al Partido Popular que se encarga a través de su inmenso poder mediático de realizar campañas en esa dirección.
      También es muy preocupante que el debilitamiento del PSOE se deba a esa abstención, en parte, y el aún mayor auge del voto a los partidos nacionalistas. Ello nos llevará a una mayor crispación entre los nacionalismos autonómicos y el cada vez más radicalizado nacionalismo español que el partido gubernamental del Estado representa. Todo ello no exime de culpa a un PSOE que no presenta candidatos que ilusionen ni programas que atraigan a un electorado cansado y desencantado, sin olvidar la famosa "oposición responsable" de su Secretario General que no da las respuestas que necesita gran parte de la sociedad española, con graves problemas para subsistir y sin esperanzas de un futuro inmediato que remedie sus males.
     Lo ocurrido en el Pais Vasco no solo debe preocupar, tras el descalabro electoral, al PSOE que pierde el gobierno y pasa a ser la tercera fuerza cuando antes era la segunda, sino que más preocupante debe ser para el PP, que también pierde votos y escaños, que ve como el incremento del voto nacionalista radical sube como la espuma y junto al nacionalismo moderado constituyen un entramado soberanista-independentista de incalculables consecuencias para la unidad de lo que hoy llamamos España.
      Todo se quiere ocultar bajo la victoria gallega y no querer profundizar en el desastre constitucionalista dentro del territorio vasco. Mal que se augudizará con el más que previsible triunfo de las opciones independentistas de Cataluña y el nuevo descalabro, muy previsible, de el PSC y el PP catalán. Parece como si lo único importante fuese borrar del mapa el PSOE y no se percatasen del verdadero peligro que supone el oportunismo de las opciones nacionalistas, que ante la grave crisis que padecemos venden un independentismo redentor de todos sus males. Todo ello no oculta el desgaste del socialismo que se aferra a viejos esquemas y amortizados líderes que se aferran a un cambio cosmético, donde algo cambie para que todo siga igual, sin querer reconocer que el proyecto actual está caduco y no solo basta con cambiarlo de raiz, sino que hacen falta personas que ilusionen y transmitan la misma esperanza que otros despertaron en los españoles en el año 1982, que también vivían en una crisis profunda pero que confiaron durante bastante tiempo en unas siglas donde encontraban esperanzas de un futuro mejor y que hoy no perciben ni confían como remedio a sus problemas.
     Que se hagan todas las reflexiones que se quieran pero se tenga en cuenta que HOY PARECE TARDE; MAÑANA SERÁ IMPOSIBLE.

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