viernes, 17 de junio de 2011

La frondosidad de las ramas ocultan el vacio en el bosque

La frondosidad de las ramas ocultan el vacio en el bosque
Por: José Sierra Garzón

Se han celebrado Elecciones Municipales y Autonómicas en toda España y las urnas han dado su veredicto: ha ganado el PP en la mayor parte de las poblaciones del territorio nacional y el PSOE ha sufrido una gran derrota que no admite paliativos. Los análisis de estos resultados no pueden centrarse en decir que la culpa es de la crisis, aunque el malestar general tenga sus raíces en ella, ni en pensar que la solución de todos nuestros problemas cambiarán con la sustitución del gobierno socialista por otro comandado por los populares. Tampoco vale el refugiarse en que una gran parte del electorado se mueve de un lado al otro, impulsados por buscar soluciones definitivas a sus problemas, como si algún partido político tuviese la facultad de obrar milagros que puedan solucionar el pago de una hipoteca estando en paro, buscar un buen empleo a los hijos mileuristas con carrera o a los aun más precarios de aquellos con escasa formación, sacar de la bolsa de desempleo a los tres millones que ha creado el pinchazo inmobiliario, subir el 10% de las pensiones o hacer viviendas al precio de coste para todos. Hay quienes piensan que todo lo anterior es posible, pero eso no es ser utópicos es vivir en “Alicia en el País de las Maravillas” y olvidar que estamos en un mundo globalizado donde la economía de los mercados se ha impuesto claramente a la política de los estados. Los gobiernos nacionales están atados de pies y mano a los designios que les marcan el FMI y desde los Bancos Centrales a partir de unos años acá. Una vez desaparecido el equilibrio de los dos bloques, con la caída del soviético y el fortalecimiento del sistema capitalista, caminamos a un nuevo tipo de dictadura: la impulsada por el poder financiero a nivel mundial, caracterizado por un liberalismo ultra y feroz. La socialdemocracia no encuentra su acomodo ni un programa adecuado para hacerle frente, en un marco donde se ve condicionada, para poder llevar a cabo una política social acorde con su doctrina.
Hemos entrado en un periodo de “cabreo generalizado” donde las estructuras tradicionales de los sistemas democráticos, representadas por los partidos, empiezan a ser cuestionadas por sectores aun minoritarios de la población pero con un aumento constante en presencia callejera y en conciencia ciudadana, siendo éste un tema que debe preocuparnos a todos. Cuando decimos todos no me refiero solo a la izquierda, sufridora del mayor descalabro electoral de nuestra joven democracia, sino también a aquellos que representan a la derecha conservadora de este país a los que el triunfo reciente les embriaga de satisfacción desmedida y piensan que están acaparando un voto progresista con carácter consolidado, cuando la realidad que ha sido una parte poco significativa y tienen las características propias de corresponder a sectores poco comprometidos políticamente y muy mediatizados por situaciones familiares muy desfavorables originadas a causa de la coyuntura económica, que piensan que se podrían resolver con otro gobierno distinto, pero si observan que pasado un breve tiempo “su problema” no es resuelto, como es lo más probable, volverían a “castigar” al gobierno de turno. De este tipo de personas todos conocemos algunas que expresan su desencanto en cualquier foro o lugar. A pocos de ellos les han influenciado si sus alcaldes han cumplido eficazmente en la gestión municipal o no; los parámetros han sido los marcados por la situación nacional ante la crisis y su repercusión dentro del entorno. He conocido a magníficos regidores municipales que han transformado sus pueblos o ciudades y han perdido de forma inexplicable la Alcaldía. Algunos, para mayor injusticia, lo han hecho a favor de candidatos de la derecha que no viven ni en los pueblos donde se han presentado ni piensan hacerlo, dándose algunos casos concretos de candidatos que después de su victoria aun no han aparecido por el pueblo donde han ganado. Si con estos resultados quisieron castigar a Zapatero pronto se darán cuenta que se han castigado ellos mismos con semejante desatino a la hora de elegir la papeleta del voto. No era la hora de juzgar al gobierno de la Nación, era el momento de valorar la gestión de los equipos de gobierno de los Ayuntamientos y de la Autonomías.
También han sido destacables, aunque no determinantes, que en las concentraciones del 15 M se haya pedido a los allí concentrados que no voten a PP ni PSOE y sí a otros grupos minoritarios, o que opten por el voto en blanco o nulo, a sabiendas de que en allí no había votantes de PP entre los convocados y sí bastantes votantes socialistas. La consigna solo servía para evitar que se votase al PSOE y, aunque algunos podían esperar un trasvase a IU, éste solo se ha producido en un pequeño porcentaje (unos 200.000 votos que no supera el 1 %) y no ha podido evitar la pérdida de su único bastión capitalino: Córdoba. Por el contrario, ha fomentado el voto en blanco o nulo que al contabilizarse para el reparto de concejalías o escaños ha beneficiado al partido más votado, el PP, aparte de fomentar la abstención en el electorado de izquierdas, porque la derecha ha votado en pleno. Como dijo alguien: “Las urnas estaban llenas de votos de la derecha y las plazas llenas de gentes de izquierda”. Ello no significa que sus reclamaciones no sean justas, que muchas de ellas lo son, y la mayor parte de los movilizados son personas dignas del mayor respeto y consideración, pero cabe hacerse algunas preguntas sobre el origen de estas concentraciones:
¿Por qué no se hicieron con anterioridad, si la crisis no es reciente, y se eligió el periodo comprendido dentro de la campaña electoral?
¿De quienes partió la idea y de qué lugar salieron los primeros sms convocando las concentraciones?... ¿se puso en marcha la maquinaria de algún grupo político interesado en cercenar el voto socialista?
¿Por qué se habla ahora de abandonar las plazas y diluirse en asambleas de barrios sabiendo que eso debilitará este movimiento?
¿Cuáles son las resoluciones acordadas en las asambleas y a quien piensan entregárselas para su defensa en los órganos donde reside la soberanía popular, según nuestra Constitución, si dicen que los partidos mayoritarios no los representan?
¿Es verdad que se piensa continuar con movilizaciones solo hasta marzo del año próximo, fecha prevista para las Elecciones Generales, sin perspectivas de continuidad?...etc.
Un movimiento sano en sus objetivos no debe estar a merced de que pueda ser manipulado por “elementos nocivos” y de ello tendrán que protegerse porque intentos no van a faltar. El beneficiado de todo se ha visto claramente quien ha sido en estas elecciones, a pesar que nadie pensó en ello cuando de buena fe se sumaron a la protesta. La mayor parte de los movilizados no dudo que son personas preocupadas por una democracia que tiene defectos en su funcionamiento y pretenden mejorarla, pero deben estar muy atentos a los próximos movimientos de aproximación o de rupturas. En Cataluña, el conseller de Interior de la Generalitat de CIU, ha enseñado “la patita” queriendo “limpiar” la Plaza de Cataluña, a pesar de pertenecer a la derecha nacionalista que dicen son demócratas civilizados, imaginaros como se las gastarían los de la derecha españolista si tuviesen en sus manos el Ministerio del Interior.
Los socialistas no pueden hacer un análisis tan simplista como decir que la crisis económica es la culpable de todo. Se han cometido errores y los han pagado los menos indicados, los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas que gobernaban, y si no corrigen el rumbo lo pagará el Gobierno de la nación y el de la Junta de Andalucía. No pueden ser los artífice de políticas de ajuste que solo “aprietan el zapato” a los más desfavorecidos, aunque no haya otro remedio y así se nos impongan desde organismos europeos, pero si no sabemos hacerlo comprender mejor es convocar Elecciones Generales y si gana la derecha que sea ella quien tome esas medidas que tanto nos perjudican y se “moje” de una vez el Sr. Rajoy, cómodamente instalado en la inoperancia a sabiendas que otros están haciéndole el trabajo sucio, y que de una vez se enteren algunos de los efectos de una política dura de derechas, cuando ya no quedan empresas públicas que vender a sus amigos, ni “boom” inmobiliario para dejar un stok de más de dos millones de viviendas sin vender, empresarios en ruina, compradores hipotecados sin casa y casi cinco millones de parados de los que más de tres millones son del gremio de la construcción y empresas auxiliares del sector, a los que tanto le deben determinadas políticas de nuestros conservadores-liberales con su famosa Ley del Suelo, aunque las consecuencias las estén pagando otros. Siempre no les va a tocar a los socialistas lidiar con la crisis, ya lo hicieron en el 92 y la están sufriendo ahora, porque en España no todo el mundo se ha convertido en clase media-alta de perfil conservador, aquí la mayoría solo tiene su vivienda, su coche, su veranito en la playa o la sierra, un sueldo escasito, algún parado en casa y prestamos por pagar, lo que no se corresponde con las características propias del votante de derechas. Las leyes que han beneficiado a la clase trabajadora y a las políticas de igualdad solo las hacen gobiernos progresistas, a pesar de que también cometen errores, pero esos son los nuestros y no debemos confundirnos. Los cantos de sirena de la derecha no deben hacernos olvidar que formamos parte de una clase de la que debemos sentirnos orgullosos y por la que nunca ellos, los populares, hicieron nada: la clase trabajadora. A ésta no solo pertenecen los obreros de las fabricas y talleres, los jornaleros del campo, los empleados del comercio o la banca, los funcionarios y otros asalariados por cuenta ajena, porque también son trabajadores los autónomos, los médicos, los abogados y otras profesiones liberales. Todos los que viven de su esfuerzo y no de las rentas del capital. Cuando has mejorado tus condiciones de vida y has cambiado tu piso de tres dormitorios por una casita adosada no te has convertido de repente en un derechista conservador, porque sigues siendo un miembro perteneciente a la clase trabajadora y esa mejora no solo es consecuencia de tu esfuerzo y valía sino de unas leyes sociales que fomentaron los gobiernos progresistas que ha tenido este país, aunque hayan cometido errores y sus consecuencias nos entristezcan. Por cada ley que favorezca a los más humildes, si encontramos alguna, de los gobiernos del PP se pueden mencionar diez de los gobiernos socialistas. Por cada punto de subida de las pensiones en tiempos de Aznar, Zapatero subió tres. Leyes como las de protección a las madres y padres, subvenciones por hijo nacido, matrimonios entre personas del mismo sexo, igualdad de género, muerte digna, ampliación de condiciones para el aborto, etc., no existirían con un gobierno conservador y la prueba es que amenazan con derogarlas. No hablemos de otras tan importantes como la Sanidad pública para todos, las pensiones no contributivas, la enseñanza gratuita y obligatoria, la mayor cantidad de becas universitarias que haya existido nunca en España, la ley de libertad sindical y otras muchas que proceden de los gobiernos de Felipe González, que jamás le pasarían por la cabeza a nuestros “magníficos” conservadores. Hace pocos días que se celebraron las elecciones municipales y autonómicas cuando, crecidos por el resultado, ya empiezan a cuestionar el estado del bienestar pidiendo drásticos recortes presupuestarios y privatizaciones de empresas públicas, como la “receta mágica” que todo lo soluciona. Basta con echar una ojeada a los sistemas empleados en la Sanidad y Enseñanza de la Comunidad de Madrid para darnos cuenta de que esa no es la solución, a pesar de haberlo privatizado casi todo.
No es comprensible que después de la ingente cantidad de obras públicas que se hicieron por los Ayuntamientos socialistas de la ciudad de Sevilla, desde las infraestructuras de la Expo 92 por gobiernos de Felipe, la traída del AVE, las Autovías, el Aeropuerto, los puentes, las obras del rio, los Pabellones de la Cartuja, etc., se diese paso a un gobierno municipal con Soledad Becerril que lo único que hizo fue el parque del Prado de San Sebastián y, ahora, después de la puesta en marcha del Metro, de la construcción de nuevos parques, de miles de vivienda VPO, del tranvía, de la peatonalización del Centro, de Asunción, de San Jacinto, del carril bici y de un sinfín de cosas, la consecuencia sea dar paso a un gobierno del Sr. Zoido, con promesas incumplibles por su elevado coste, y con amenazas de destruir algunas cosas bien hechas, sustituyendo farolas o cuestionando la ampliación del tranvía, pero así lo han decidido los ciudadanos y espero que no tengan que lamentarlo pronto. Tampoco es explicable que en una ciudad como Mairena del Aljarafe, construida por gobiernos socialistas desde 1987, para ser un modelo de urbe tipo medio ideal para vivir, con todos los servicios necesarios (Institutos, Centros sanitarios, Colegio Mayor, Centros culturales, Polideportivos, Viviendas sociales, Parque Industrial, Parque Periurbano, Bibliotecas públicas, Metro, Centros de 3ª Edad en cada núcleo, Centro para la Juventud, Centros comerciales con salas de cines, etc.) venga un candidato “paracaidista” del PP, que ni vive ni conoce el pueblo, y obtenga la victoria para gobernar desde un escaño en el Congreso que lo ocupará la mayor parte del tiempo. Inexplicable, pero así ha sucedido por voluntad de los ciudadanos.
Lo más grave de la situación no es la degeneración de determinada clase política que hasta mejora resultados electorales en zonas muy afectadas por la corrupción (casos de Valencia, Madrid, Baleares o Canarias) llegando al convencimiento ciudadano que es consustancial con su ejercicio y es una preocupación menor. La regeneración de la clase política pasa por ser tremendamente rigurosos a la hora de expulsar a los corruptos y eso no está ocurriendo, es más se está queriendo suplantar el castigo de los jueces por una supuesta amnistía de las urnas y eso forma parte de la perversión del sistema que lo lleva a la degradación progresiva de la democracia, altera sus valores y aumenta la desconfianza de los ciudadanos hasta hacerla peligrar. La obtención del poder por caminos tortuosos, sin importar los procedimientos que conducen a él, al amparo de ciertos sectores obscuros en sus fines y medios, debe ser combatido por los verdaderos creyentes del sistema con la mayor de sus fuerzas que debe pasar por el rearme ético y moral del sano ejercicio de la política.
Difícil será volver a los principios de los primeros años de la Transición, donde los ciudadanos españoles estaban tremendamente ilusionados en la instauración de la Democracia y sus valores, pero ese espíritu hay que recuperarlo con una reflexión en el seno de los partidos políticos que con su restructuración sirvan de interlocutores válidos de las inquietudes ciudadanas y no simples máquinas electorales para la obtención de poder y cargos. Ese es el reto y el camino para que la izquierda recupere la credibilidad de la ciudadanía. El tiempo apremia porque este país va a necesitar, en breve tiempo de un PSOE fuerte y renovado ya que el “deslumbramiento” que produce el PP pronto dejará de brillar; no es lo mismo hacer una oposición de tierra quemada que gobernar con esta tremenda crisis. La frondosidad de las ramas mediáticas del Partido Popular, no podrán tapar el vacio de un bosque sin soluciones ni programas.

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